Así evita Carrefour los robos en sus supermercados

El hurto ya no es lo que era. Literalmente. Con el último cambio del Código Penal, apropiarse de lo ajeno ya no tiene eximentes si su importe es inferior a 400 euros. Antes eran meras faltas administrativas si no superaban esa cantidad. Así, Remigio fue condenado en 2017 a nueve meses de prisión por apropiarse “indebidamente” de un bote de colonia, según sentencia de la Audiencia Provincial de Ávila. Y eso que ni siquiera le dio tiempo a usar el perfume. Se deshizo de él tirándolo a una cuneta mientras lo perseguía el guarda jurado del establecimiento y el frasco se rompió. También tuvo que pagar los 23 euros que costaba el artículo.

Cada año, los supermercados apuntan en el apartado de pérdidas difusas unos 1.600 millones de euros. Eso incluye los robos, pero también los desfases de caja o los despistes. Sin embargo, el grueso se puede atribuir al gusto por lo ajeno de algunos individuos. En las bases de datos de los tribunales de justicia hay alrededor de 30.000 sentencias relacionadas con el hurto en alguno de los grandes distribuidores, y solo que contengan la palabra Carrefour, 7.601.

La idea es conectar todos los sistemas de robo del establecimiento para que creen una especie de tupida malla de seguridad

Es decir, es un tema que preocupa y mucho a los grandes distribuidores, aunque sus portavoces auguraban que con la entrada en vigor de las nuevas leyes “habrá una labor de freno clarísimo. Se lo pensarán dos veces antes de robar“. Las auditorías que algunos de los grandes almacenes hicieron sobre sus denuncias desglosaban el total en más del 80% de faltas y solo el 20% en delitos. Ahora todo son delitos.

Por eso, no es extraño que este gigante del gran consumo, aunque solo por el momento en Francia, haya decidido “blindar” sus establecimientos con “soluciones antihurto inteligentes”. ¿En qué consiste semejante cosa? Pues, según explican desde Checkpoint Systems, la empresa encargada de ellas, la idea es conectar todos los sistemas de robo para que creen una especie de tupida malla de seguridad. Así, desactivadores, detectores de metales, botones de emergencia, sistemas de detección de paso y circuitos de videovigilancia se sincronizarán generando unas alertas que recibirán los especialistas de seguridad en sus teléfonos. Luego, todos los datos se centralizan.

Robos por encargo

Así que, entre la subida de las penas y las dificultades para llevar a cabo los robos, se espera que se reduzcan mucho las pérdidas. Una esperanza que no ven tan clara los ‘profesionales’ de esta clase de delito. En la avenida de la Albufera, en Puente de Vallecas, se lleva robando por encargo en los supermercados desde, al menos, 1998. Alfonso se dedica a este negocio desde hace seis años. Entra con una mochila, la llena de cosas (en ocasiones, previa petición de sus clientes) y las vende en la boca del metro, cerca del improvisado mercadillo que cada noche se monta en una callejuela paralela. Sin embargo, no hubo un particular incremento de esta actividad durante los años más cruentos de la crisis, aunque en esa época lo que sí hubo fue mucha más gente aguardando la comida en mal estado o caducada que tiraban (y tiran) cada noche a los contenedores.

“Voy varias veces al día y me consigo sacar cerca de 50 o 60 euros”, confesaba este individuo, que frisa la cuarentena. No es el único que roba por encargo en esta zona. Ni en otras muchas. José se encargaba de robar latas de refresco y bollos para las meriendas de los chicos del instituto. Y Alicia y Miguel, videojuegos y ropa, también para revenderlos.

Las latas grandes de conservas, como atún o anchoas, tienen buena acogida entre los bares: “Las pillan para poner las tapas que dan gratis”

Hay bandas de profesionales que roban al por mayor por encargo, como la familia a la que sorprendieron sustrayendo 400 euros en quesos que pensaban ‘colocar’ en distintos establecimientos de hostelería. Las latas grandes de conservas, como atún o anchoas, y las botellas de licor también tienen buena acogida entre los bares: “Las pillan para poner las tapas que dan gratis”, explica Alfonso. Los robos en galerías de alimentación tampoco son un asunto muy novedoso. Las bandas de ladrones tradicionales, incluyendo los célebres aluniceros de Las Torres de Villaverde, en Madrid, nunca le han hecho ascos a un cargamento de jamones. “Hacer mercados”, se llama la actividad.

Por supuesto, los hurtos son miles y de muchas clases, y es posible que el blindaje ideado por Checkpoint no consiga reducirlos tanto como auguran sus responsables. Más elaborado, como plan, fue el de Encarna, empleada del Mercadona, que trazó varios planos de la tienda en la que trabajaba de reponedora para que sus amigos Gabriel y Sonsoles lo atracaran a punta de pistola y cubiertos con pasamontañas. Aunque eso, directamente, ya no es hurto y se enfrentaron a una pena de prisión de más de seis años por atraco a mano armada.

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