La guayabera recupera su lugar en el guardarropa

La «etiqueta tropical», un clásico en la moda masculina española, cobra nuevos bríos

Se dice que la guayabera o cubana la inventó una familia de origen español emigrada a Cuba. Con un tejido sencillo, la mujer del primer usuario, un andaluz llamado Joselillo, se ocupó de que él fuese fresco, cómodo, con espacio para el tabaco en los bolsillos y para colmo, elegante. En pleno siglo XXI, la guayabera toma de nuevo el sitio que nunca debió perder. Antonio Burgos, en su «Elogio de la guayabera», explicaba hace años cómo tan insigne tipo de camisa, llamada en Andalucía «cubana» -pero también «sahariana», aunque no sea exactamente lo mismo-, es «la prenda colonial hispánica del verano, extendiéndose su uso desde Filipinas a Venezuela».

Guayabera azul marinaGuayabera azul marina– Camisería Burgos

Venía a contar en su artículo que el Ayuntamiento de Miami había hecho oficial el uso de la guayabera para los funcionarios, liberándolos del calor y del estilo anglosajón de la chaqueta americana y la corbata. Llamada así porque en sus bolsillos se podían llevar guayabas y por la proximidad del río Yayabo, la guayabera es una blusa que se lleva por fuera del pantalón, habitualmente blanca, con cómodas aberturas laterales, bolsillos exentos delanteros -2 o 4- y alforzas frontales y traseras con 12 pliegues de corte vertical. Puede además añadirse algún bordado -algo que quizás resulta trasnochado- o llevar martingala trasera.

La sofisticación del lino

La guayabera de sport es la de manga corta en algodón con cuatro bolsillos delanteros, ideal para el día, el calor y el trajín, aunque la manga larga siempre es más elegante. La guayabera de manga larga es de vestir; si además se lleva en blanco y con dos únicos bolsillos inferiores, se conoce como el esmoquin hispano o esmoquin tropical, ya que es un atuendo de etiqueta para la tarde-noche en países caribeños. En lino o seda son más sofisticadas, y pueden ser de tonos marfil o azules de diversa intensidad, aunque la reina de las «cubanas» es la blanca. La guayabera no debe ceñirse al cuerpo, pero tampoco quedar muy holgada, y sus bolsillos no están diseñados para llevar ni la billetera ni el móvil. La ventaja de la guayabera con respecto a la camisa es que, llevada por fuera, es mucho más elegante: nada que ver el empaque de Enrique Peña Nieto con guayabera con Pedro Sánchez -por ejemplo- con la camisa por fuera. No hay que confundirla con el liqui-liqui, la prenda colombiana sin cuello con la que Gabriel García Márquez recogió su premio Nobel.

En las Cumbres Hispanoamericanas y los Encuentro Empresarial Iberoamericanos, todos los mandatarios suelen acudir en guayabera, incluido el Rey de España, en su día Don Juan Carlos y ahora Don Felipe. A algunos no les gusta verlos vestidos como algún que otro dictador centroamericano, pero sería un error olvidar que la guayabera nos une a América y también ha sido una prenda clásica -de ricos y pobres- en sur de España. Mariano Rajoy también la ha llevado en las reuniones iberoamericanas. Pero los que le han dado el empujón a la prenda en España son dos andaluces muy «viajaos»: Bertín Osborne y Carlos Herrera. En Andalucía y Extremadura hasta hace algo más de 30 años, los señores llevaban «sahariana» o «cubana», importada por los toreros que venían de Hispanoamérica, entre otros avanzados y viajeros.

La guayabera que usó Don Juan Carlos durante su visita oficial a MéxicoLa guayabera que usó Don Juan Carlos durante su visita oficial a México– EFE

Quizás por ello ha quedado una imagen algo carca de esta prenda. Las guayaberas más famosas son las de sastres como Edgar Gómez en Cartagena de Indias, Colombia, o Sixto Villegas de Guayaberas Mandalay en México son proveedores del Rey Juan Carlos y de Enrique Peña Nieto respectivamente. Ramón Puig, «el rey de la guayabera» es el más conocido en Miami: abrió una tienda en 1943 que aún sigue en funcionamiento. En España las puede hacer cualquier camisero y por supuesto las elaboran en Camisería Burgos. Según sea la calidad, el precio de una guayabera puede oscilar entre 40 y 500 euros, aunque depende enormemente el tejido utilizado y la complicación de pliegues o bordados. Es una buena idea aprovechar los viajes a países caribeños para encargarlas a medida. Además de llevarse en Venezuela, Panamá, México, Puerto Rico, Cuba, el Caribe colombiano, Ecuador, Filipinas o República Dominicana, la guayabera es un clásico del sur de España, de Canarias y de un excelente nuevo mercado: los Emiratos Árabes. Larga vida a la guayabera.

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